lunes, 21 de febrero de 2011

21 de febrero (diario de la bestia): de vuelta a lo mío, Murakami y la técnica de la escritura, género y canapés, Eastwood el sentimental.

De vuelta a lo mío.

Cuando el año pasado concluí mi segunda novela terminé exhausto, con ese cansancio paradójico que no permite reposo, pues procede de una actividad ‘clandestina’, tan carente de reglas como de excepciones. Había que seguir con el trabajo alimenticio y diversos asuntos cotidianos, pero al menos tenía la certeza de que durante al menos un año no volvería a la ficción. Uno debe escribir otras cosas no literarias para ganarse la vida, y uno escribe un blog para que la vida ganada sea más bonita. La narrativa es otra cosa, requiere de una especie de impulso interior capaz de administrar un esfuerzo casi irracional, de tan largo y sin más recompensa que el mero hecho de hacerlo. El caso es que acabé vacío, y convencido de que sería así durante mucho tiempo.

Han pasado cuatro meses. Y las ideas se remueven insidiosas como ese caldo amenazante que borbotea en una olla cuando la hemos colmado demasiado. Me piden –mejor, me exigen- salir ya, pero debo contenerlas un tiempo, necesitan de mucho condimento antes siquiera de empezar a trabajarlas. Y parte de ese condimento consiste en “soltar la mano” con proyectos ya fijados en la cabeza, y aún pendientes. Terminar “Apuntes para una biografía del profesor Faure”, y el libro de relatos. Luego seguiré el rumbo de esas ideas nuevas, que llevarán por título “Un mundo bajo el hielo”, me ocuparán los próximos años y seguramente serán lo más extenso que haya escrito, tal como lo preveo, habida cuenta que ‘Los nuevos’ tenía unas quinientas páginas y “Una cuestión de prueba’ alrededor de setecientas.

Permítaseme para referirme a esta última tomar como ejemplo a uno de mis artistas predilectos, simplemente a modo de símil operativo, y salvando las infinitas distancias que hay que salvar. Pues si hablamos de la trayectoria de Morrissey, “Una cuestión de prueba” sería mi “You are the quarry”, lo más directo, entretenido y argumental que he hecho. Ahora el cuerpo me pide un cambio, menos peso de la trama y más de la perspectiva, las palabras y los personajes. Por eso necesito tomar apuntes, dejarlo macerar, que encuentre el punto en que ya no quede otro remedio que trabajar en ello, a riesgo de que se pierda.

Vamos, que uno de estos días vuelvo a madrugar. Seguro que Betty me echa una mano.


Murakami y la técnica de la escritura.


Palabras de Murakami en la entrevista que le realiza Ray Loriga para Marie Claire:

"La primera novela que escribí me resultó más fácil de lo que hubiera imaginado, pero era consciente de que esa facilidad se ajustaba a mis limitaciones por aquel entonces y que cada empresa requería ir empujando esa barrera invisible. Ir traspasando con esfuerzo esos límites. Como un instrumentista de jazz, siento que cada vez soy más libre al haber perfeccionado una técnica más sólida, y con ella cierta confianza. Esto no me ha sucedido de un día para otro, sino mediante un proceso lento en el que en principio es difícil reconocer los avances pero que a la postre da como resultado una flexibilidad mayor para escribir libremente"


Los devoradores de canapés


En un mismo día el diario El País nos habla de las discriminaciones de género en el mundo del arte y en el de la literatura. Se supone que el sector cultural debería ser "territorio amigo", pero cada día existen más asociaciones o investigadoras que a título individual ponen de manifiesto esta situación. Si no empezamos a corregir el estado de cosas en tales ámbitos uno en pregunta cómo podremos llegar a los puestos decisorios en el terreno político o empresarial. El compadreo machorro en los medios culturales es algo que va más allá del número de hombres y mujeres que reseñan o son reseñados/as. Se trata de las viejas fratrías que ocupan todos los lados de la mesa, extienden los codos y reparten los canapés. Una situación de simple mal gusto, seamos hombres o mujeres los que la contemplemos. En realidad, a estas alturas, no es ya cuestión de abrir hueco, sino de empujar y que se estampen contra las bandejas, a ver si se atragantan de una vez.


Eastwood lo vuelve a hacer (fatal).


No merece ni una reseña. "Más allá de la vida" nos sitúa de nuevo ante uno de los grandes misterios de la cinematografía contemporánea: de dónde demonios sale el prestigio de este buen hombre. Una historia disparatada, con casualidades de esas "pa que todo encaje" que causan sonrojo, sensiblería mainstream y escenas inverosímiles de pura dejadez narrativa (ese asalto al niño... ¿¿por un móvil??), efectismos a cascoporro (hala, el tsunami, el 11M de Londres... y no le ha dado tiempo a meter la revolución egipcia, que si no algún dramilla habría encontrado entre la multitud). Cine que apela a las emociones con las mismas estrategias de la novela rosa, pero me temo que con menos cuidado en el esqueleto argumental. Algún día lo entenderé, supongo.

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