lunes, 28 de febrero de 2011

28 de febrero (diario de la bestia): Tulip (y Betty), otra película tremenda, Delafé y las Flores Azules.



Tulip

Emocionado aún por "Mi perra Tulip", qué libro más hermoso, qué hermoso es vivir leyendo esta clase de libros. Escribiré la reseña en los próximos días, espero. Entretanto disfruto de la afinidad de ver en los ojos de otro mi propia mirada con respecto a los animales. Al igual que me ocurre cuando paseo con Betty y alguien se nos cruza y, simplemente, se le escapa la risa. Algunos/as se detienen y le hacen una carantoña, pero hay algo especialmente bonito en esa sonrisa espontánea y silenciosa que suele provocar la gesticulación de mi pequeña Dorrit cuando se queda mirando. También me encanta la expresión que más de una vez han soltado al verla: "ay, qué perrín". El perrín, por cierto, está en contra de la escritura, de los ordenadores, de la lectura y de cualquier actividad intelectual, sobre todo porque esa clase de cosas no la incluyen: no se come, ni se juega, ni se mima ni se dormita en pareja. Así que procura pasearse alrededor y lanzar alguna patilla, como un gato, contra la pantalla o el teclado, a ver si captamos la indirecta. A veces incluso pisotea y escribe. Quién sabe, a lo mejor añade un toque personal a mis novelas o la tesis de Nuria.

(Ahora se ha dormido a nuestro lado y de repente se ha puesto a soñar. Le pasa a veces, se agita... pero ¿con qué sueñan los pinscher miniatura, alguien los persigue, se acaba el pienso o el poso del yogur?)



'Los chicos están bien' o 'cuál es el hombre y cuál la mujer'.


El hecho de que se una película espantosa, con un guión de esos que tratan al espectador/a como gilipollas, no es lo más grave. Se trata de un otro caso en que el buenrollismo y el mensaje aparentemente abierto y tolerante esconde -sin demasiado disimulo, eso sí- una visión del mundo brutal. Dos lesbianas reproducen el sistema matrimonial perfectamente tradicional, una es el varón sustentador, la otra, el ama de casa sensual y con confusos proyectos laborales. Los niños están bien, pero ay... echan de menos la figura del padre, claro. Y entonces aparece un personaje que encarna todos los rasgos ancestrales de aquello que se ha dado en llamar "género masculino": irresponsabilidad, colegueo, vacío cerebral, motos, tías -folla mucho, a todas atrae, ignoramos por qué, visto el prenda-, y libertad, mucha libertad. El típico síndrome de Peter Pan que tanto gusta a los guionistas de comedia treintañera. Bueno, pues semejante individuo arrasa: los niños lo adoran, introduce una agradable frescura en las rígidas convenciones educativas de la (mala) lesbiana sustentadora, se cepilla a la otra con un desparpajo insultante (las escenas de sexo entre el personaje de Julianne Moore y él son elocuentes: lo que le hacía falta a ella era una buena p****, como una novela bodrio de Philip Roth... es que no quiero llenar el blog de groserías, pero hay pelis que me ponen malo), se gana el afecto de todas y todos con algún misterioso talento que se nos oculta... En definitiva: la pareja de lesbianas no funciona. Pese a que al final se lo quiten de encima y lloren todos como una familia, la película nos ha dejado claro que no funciona. Es tal el papel necesario del hombre que incluso las dos protagonistas disfrutan del porno gay, y lo justifican en una especie de añoranza del pene, nada menos. Al final el mensaje no sólo es profundamente reaccionario (¿y ese despido del jardinero?), sino que indigna al tratar de pasar por todo lo contrario. Si algo sostiene a la película son las interpretaciones: fantástica Anette Bening, estupendo Mark Ruffalo, convincentes los hijos... y bastante perdida Julianne Moore, a la que disfrazan de "bollera de libro" -las camisetas, las botas, el gesto machorro- y que nos ofrece toda clase de histrionismos para componer un personaje que seguramente no se cree, porque nadie puede. Una muestra más de la incapacidad de la cultura mainstream para tratar el tema lésbico: o un regalo artificioso para la mirada masculina ('Habitación en Roma' y similares) o una pretendida 'normalidad' que delata la escasa convicción con que se maneja. Mucho camino por recorrer para alcanzar tan sólo a la visión social de la homosexualidad masculina. Seguimos hablando de desiguadad, incluso en esto.


Delafé y las Flores Azules.


He descubierto tarde el disco, de rebote de Juliane Heinemann, que les hace coros. Pero me encantan, contagian entusiasmo. Cuántas veces uno ríe por no llorar. Pero que importante es reír.

No hay comentarios:

Publicar un comentario