sábado, 5 de marzo de 2011

5 de marzo (diario de la bestia): Pa negre, Las hordas, el fúmbo, Clara, un poco de frivolidad, novela interruptus, Richter.

Pa negre


Qué gran película, en efecto, con su fusión de géneros -el gótico, el costumbrismo, el relato intimista, la novela social-, combinándolos y trascendiéndolos, y su escritura lírica. Poesía de la podredumbre moral de un país roto no tanto por la guerra cuanto por la crueldad que dejó instalada en los corazones. Las mujeres, los niños y los diferentes como inevitables víctimas de cualquier ruptura social. Y una historia paralela pero no menos importante: la de un artista tenaz que por fin logra que lo vean y lo escuchen, aunque siempre estuvo ahí. Genial (y por cierto, fácilmente accesible en filmin: tres euros, un cablecito que conecte el ordenador a la tele, y extraordinario cine en casa).


Las hordas


Más de una vez he paseado con mi perrilla en las proximidades de un estadio de fútbol, cuando sin haberlo tenido en cuenta, faltan pocas horas para que comience el partido. La sensación de inseguridad física es algo palpable, real, como casi nunca uno ya la percibe, afortunadamente. Ahí están: con su andar amenazante, sus voces, sus miradas ávidas de reto, sus gafas oscuras y sus amplias manos colgando a ambos lados del cuerpo como dispuestas a desenfundar. Siempre van en grupos de tres o de cuatro, no conocen la soledad o la mera introspección -y ése es quizá la raíz del problema-. Paso a su lado en mi universo feliz, de mascota y auriculares, pero soy consciente de que una mala mirada, o su mero deseo de jugar, de hacer una broma, de pasarse de rosca, acabarían causándonos mucho daño. Y entonces me acuerdo de la periodista americana agredida sexualmente en Egipto, en mitad de las celebraciones por la caída de Mubarak; o del linchamiento que relata Pa negre... Nada que ver, en realidad, con la política. Se trata del "hombre", o mejor, de "los hombres", ese concepto ancestral que trae consigo semejantes implicaciones. En algunos periódicos en que trataban la noticia de la periodista americana lectores anónimos, esos valientes de internet que se sientes alguien escupiendo en un cristal, comentaban cosas del tipo: claro, si se pone un caramelo a la puerta de un colegio... Algo tan burdo, sin embargo, encuentra elaboraciones más sofisticadas en algunos sesudos cuestionadores de las políticas de género: la bestialidad masculina como algo inevitable, que se vería "provocada" por el desparpajo femenino. La culpabilización de la víctima. O, en mi caso, " a quién se le ocurre pasear con su mascota en los alrededores del estadio".


El fúmbo.


Qué lejos quedan los recuerdos de infancia, dos piedras a modo de portería y un balón desinflado, o de aquellos baratos cuya trayectoria resultaba imprevisible, siempre a merced del viento. Los equipos y sus colores, la fiesta de los partidos, la chanza mutua, como en una competición de chistes sobre tópicos regionales. La elegancia de Cruyff, los goles constantes de Quini, los cabezazos de Santillana, la imaginación de Sarabia... Qué tiene que ver todo aquello con este teatro o maqueta donde se condensa y ejemplifica lo que más nos destruye: la violencia gratuita, la trampa, la corrupción, los roles de género, el clasismo... Sería interminable. Puede haber quien piense que no, que el fútbol y su papel social siempre han sido similares. No. Vean el baloncesto, por ejemplo, acudan a una cancha. Así era el fútbol en aquel entonces.


Clara Campoamor


No os perdáis, amigos/as lectores, la TV-movie sobre Clara Campoamor el próximo miércoles, en la 1. Ignoro si será un producto de una mínima calidad, pero su existencia me parece suficiente de por sí. El desconocimiento que existe en nuestro país sobre esta jurista que logró el foto femenino resulta escandaloso. Esta iniciativa contribuirá, espero, a paliar semejante carencia, ya que en esos tomos que pretenden establecer un canon de juristas universales, publicados por Marcial Pons hace pocos años, y en los que resulta complicado encontrarla. En realidad no hay una sola mujer entre centenares de reseñas bio-bibliográficas, tan sólo al final, en una sección menor de batiburrillo, aparece la buena de Clara. Es un buen ejemplo de que lo bien que funcionan las cosas sin cuotas. Ahí sólo están las que valen. Las que ellos decidieron que valían.


Un poco de frivolidad


Hojeo el Hola, y aparece un reportaje fotográfico de Ivana Trump de esos que hacen que merezca la pena la existencia. La mujer quería algo sencillo, por ejemplo posar en un jardín, de noche, con vistas al mar. Y así lo hace: vestido largo color sangre mecido por el viento, sonrisa siliconada... y de repente una palmera falsa se une al cuadro, y un barquito mal pintado (una versión de prueba del photoshop, me temo) navega a lo lejos dejando una estela blanca a su paso, y unos flamencos que pasaban por allí se detienen en el jardín justo en el momento de la foto. La sencillez se le fue complicando. Así que en la segunda opta por una austera imagen de interior, despiporrada en una silla mientras su novio o amante le ofrece una copa de champán, el galán con una pierna apoyada en una silla derribada, ambos únicos ocupantes de una larga mesa repleta de cubertería estridente. Tampoco en este caso la sencillez fue posible. Así que en la tercera se va de viaje en un coche antiguo y lujoso mientras su criada le sujeta un par de maletones que casi la cubren por completo, por aquello de tapar al personal del servicio, de puro feo que es. Esta es, digamos, más contenida. Tanto que debió de provocarle un conflicto interno de tal calibre que en la cuarta decide soltarse ya por completo y aparece... ¡¡en biquini colgada de un helicóptero con la bandera americana!! En plan chica-bond-al-rescate (con sesenta años, pero al rescate). Es una lástima que no pueda reproducir las imágenes. Sin estas locas divinas (las chichi potter, como decía Woody Allen en 'Granujas de medio pelo', sin duda la mejor de su última etapa) el mundo sería más serio, pero también más triste.



La paciencia y el olvido


Cuando uno escribe, o mejor, cuando uno ha escrito una novela desea darla a conocer, ponerla a disposición de los lectores/as cuanto antes. Con "Una cuestión de prueba" estoy aprendiendo, más que a tener paciencia, a olvidar. No deja de ser contra natura la situación, como si tras concebir un hijo lo arrancase de mi memoria -aunque bien pensado no es tan extraño, entre los actores y cantantes famosos quien más quien menos ha ido dejando alguna criatura por esos pueblos de dios-. El hecho de que una determinada agencia literaria haya decidido moverla me hace sentir muy honrado y dichoso, pero al mismo tiempo me ha obligado a olvidar. Después de convivir tanto tiempo con los personajes, parecen ya como esos amigos lejanos cuyo afecto o simpatía apenas tienes presente -¿qué me unía a ellos? Si hace tanto que no los veo, algo malo nos habremos hecho...-. Así que de vez en cuando me impongo abrir el archivo, echar un vistazo a cualquier página, o escuchar la música que me acompañaba durante su elaboración, o escribir un post como éste, y recordar. Hoy he hojeado un capítulo y he vuelto a sentirla mía -en fin, disculpad la frasecita, que parece sacada de la letra de un bolerazo cutre-, además he retomado a Max Richter, cuyos discos marcaron el tono en muchas ocasiones, especialmente a lo largo de los episodios más delicados, no tanto en los que precisaban de rabia. Infra fue una música fundamental en aquella época, os invito a descubrirla en Spotify o en Youtube, después acabaréis adquiriéndola, seguro, como cada vez que encontramos uno de esos cofres donde el ser humano ha escondido de los otros un tesoro de emoción y belleza.


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