domingo, 13 de marzo de 2011

Pauline en la Playa en la Llotja, Elche.

Los discos de Pauline no aceptan su empleo como ruido de fondo, cuando nuestra atención está en otros asuntos y cualquier cosa nos distrae. Requieren más bien una escucha reposada en casa, con el libreto en la mano y la atención pendiente de los matices musicales y las palabras –la lluvia en los cristales y el fuego de leña no son imprescindibles, pero tampoco estorban-. Así que uno siempre tiene curiosidad por el modo en que se interpretan en directo. ¿Puede una receta de alta cocina prepararse y repartirse masivamente en una comida campestre? Pues todo depende del cocinero/a (la terminación femenina casi sobra, por cierto, en el mundo macho-gastronómico-ibérico, donde a excepción de Ruscalleda parece que el techo de cristal ha ido atizando sin piedad contra las cabezas de las guisanderas, pero éste es otro tema…), y del buen gusto de los comensales.

Funcionó lo primero en Elche el pasado sábado con una actuación espléndida. Las canciones, en directo, adquieren más fuerza sin perder poesía, se subraya el ritmo e invitan incluso al bailoteo. Las más delicadas permanecen bonitas y emocionantes, como “Tendencias de sastre”, sin duda una de las mejores, y la complejidad de los arreglos se solventa con la solvencia de una banda ajustada y eficaz. Pero quizá la clave se encuentre en que se lo pasan bien, o al menos esa es la impresión que dan, resulta llamativo ver cómo la batería o el teclista-saxo-clarinete-chicoparatodo tararean las canciones. Y luego están ellas, una más Lennon, y la otra más… Martes y Trece. Desde el inicio se espera el momento en que Mar descorche su labia y nos haga sonreír, el sábado quejándose de la distancia Gijón-Elche, las horas de furgoneta a 110 (ya será menos, alguna multa de radar caerá), los gastos del viaje y “los sueldos de éstos”, señalando a sus músicos. Divertida, entrañable y excelente en guitarra y coros. Al igual que Alicia con su voz tan personal en el panorama del pop español, que da mayor valor a unas canciones de por sí notables, y ese carisma sin estridencias de escritora brillante. Hubo temas del último disco, casi todos, y algunos ‘grandes hitos’ de los anteriores. Los muy fans echamos de menos el repertorio del maravilloso “Silabario”, pero me imagino que para los directos, en especial en ciudades pequeñas, habrá que optar por lo más accesible.

Al final montaron su tenderete de merchandising –allí Mar vendiendo camisetas, y uno se figura de que si se hubiese estropeado un foco cogería la escalera, un destornillador, y listo-, y se fueron tras dejarnos con una sonrisa en los labios y buena música en la cabeza.

Lo que distingue a la gente verdaderamente grande es su incapacidad para tomarse demasiado en serio, mientras que sí lo hacen con su trabajo, como es el caso. Pauline en la Playa componen excelentes discos, y su interpretación en directo se encuentra a la misma altura. Descubridlas ya, si aún no lo habéis hecho, antes de que en un futuro llegue la etapa de los álbumes homenaje y la mitología de culto.

P.D.: en la era de Spotify es indignante que la gente acuda a un concierto sin saber de qué va el grupo. Siempre hay alguno –son chicos-. Pero lo que es intolerable es que ese personaje nos toque una y otra vez al lado. De verdad, ya ha ocurrido antes. Están ahí, se toman una copa y, sobre todo, hablan y hablan sin parar con alguna santa, por lo general, que los soporta. Te mueves a un lado y a otro, y los pierdes de vista, pero de repente, cuando oyes los primeros acordes de una de tus canciones favoritas y la expectación te agita, reaparecen como los psicópatas de serie B tras haberse caído desde la azotea. En este caso el destino nos adjudicó un fulano que parloteaba sin parar intentando ligar con una chica, propósito noble, sin duda, pero para desarrollar en su puñetera casa. Os aseguro que el famoso vídeo de John Galliano se queda en una coreografía de Enrique y Ana comparado con las barbaridades que dijimos Nuria y yo sobre el sujeto en cuestión. Uno tiene fe en eso de que el arte nos hace mejores, pero Pauline en la Playa, como dije al principio, no vale como ruido de fondo. Así que este chico está por ahí, suelto, libre, en las calles de Elche, e igual de cafre que antes del concierto. Si os tropezáis con él –lo reconoceréis, habla mucho- espero que tengáis el valor que nosotros no tuvimos para ajusticiarlo.

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