martes, 12 de abril de 2011

“Confianza”, de Henry James. Un borrón exitoso.

Continúan apareciendo en el mercado español obras inéditas del maestro en ediciones desiguales, a menudo deficientemente traducidas y dotadas de una engañosa relevancia. Lo bueno es que han contribuido a generar un público lector de James, que parece responder siempre que un relato corto se presenta en la mesa de novedades con buen papel y un cuadro de Sargent en la portada. Lo malo es que han acabado por convertir a muchos editores en profesionales acomodaticios, a quienes basta con tirar de obras con derechos caducados y nombre fiables para asegurarse una mínima tirada. Tratándose de Henry James el balance ha de considerarse positivo en cualquier caso, aunque hará bien el lector/a en pensárselo dos veces antes de adentrarse por cualquier camino en el paraíso perfecto de su narrativa.

“Confianza” es la novela que le proporcionó mayor éxito, aun así moderado conforme a los parámetros actuales. En este caso el sello “Erasmus” nos ofrece una obra pulcra, a la que agradecemos incluso el minimalismo de su composición, con una ilustración desnuda que representa la escena inicial, y cumbre sin duda, en esta historia de enredos amorosos. La traducción es fiel a la música áspera de la prosa jamesiana, y el libro en general se lee con ese típico placer dificultoso que tantas adhesiones como rechazos provocaba ya en su tiempo.

Sin embargo nos encontramos ante uno de esos casos en que el éxito aparece asociado a una mayor ligereza, a un atemperamiento de la ambición creadora, consciente o no, sólo el autor lo sabe. Pese a lo que se dice en la solapa, cuesta ver en esta especie de vodevil apto para una película elegante y ligera alguna gravedad subterránea. El maestro suele mostrarse audaz en sus historias: más allá de los amores casaderos nos habla de la dificultad de decidir, de las perversas manipulaciones que puede esconder la amistad o la familia, de la baraja marcada con que las mujeres, en particular, inician el juego de la vida; de las batallas por el dinero, elemento nunca mentado y siempre presente en sus largas frases y oscuros diálogos; de nuestra dificultad por aprehender el mundo, que sólo podemos enmarcar en un subjetivo y estrecho punto de vista.

No ocurre así en el presente caso, hasta el punto de que cabe intuir el esfuerzo del autor por llegar un público extenso rebajando un tanto sus exigencias. Al menos en el plano estrictamente semántico, porque el poderoso lenguaje jamesiano continúa presente, y hace que de por sí merezca la pena leer esta novela, aunque lleguemos al final un tanto fatigados de encuentros y desencuentros, y de una trama tan previsible que conocemos su final mucho antes de tiempo.

Curiosidad para seguidores habituales del novelista, y camino equivocado para quienes deseen conocerlo por vez primera. Hay rutas mejores, pero también debemos dejar claro que incluso ésta supera en belleza a las que solemos transitar en la república de los libros.

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