
Como si hubiese reflexionado acerca de ello, “La senda oscura” trata de dar un paso adelante, y durante buena parte del libro abandona las peripecias investigadoras a favor de una historia intimista de poder, corrupción y afectos heridos. El problema es que lo lleva a cabo de alterando el punto de vista manera confusa, de modo que ambas líneas narrativas se separan artificiosamente y nos expulsan de la lectura. Al final, cuando todo encaja, nos preguntamos el porqué de tantas páginas de aparente digresión, como un postizo mal puesto. No deja de ser plausible el intento de la autora por profundizar en los personajes, pero uno se imagina que las decisiones relativas a la estructura del libro hubiesen necesitado de mayor reflexión. Aun así, la autora no ha agotado su crédito, y esperaremos mejores noticias suyas.
El que sí se ha quedado sin él, al menos en la sucursal lectora de este bloguero, es Carofiglio.

Probamos suerte con este autor en “Las perfecciones provisionales”, que se presentaba como un paso evolutivo dentro de su trayectoria. La decepción nos llevó a escoger uno de sus títulos clásicos, en el que pone en pie al personaje principal de su saga literaria. No mejora lo que apreciábamos en aquel libro, sino que por el contrario ratifica nuestras impresiones: se tratade uno de esos autores que claramente proyectan su propio ego en el protagonista de sus historias. La trama no incurre en digresiones con ambición literaria, sino en trazos de psicología barata torpemente desarrollados en los que el escritor se recrea en gustos, aficiones y pequeñas fobias. En este sentido, las charlas sobre cine o música que sin venir a cuento mantienen los personajes producen sonrojo. De forma no ya paralela, sino intermitente, se asoma una historia de intriga cuyo final ni siquiera nos regala una vuelta de tuerca de esas que tan hábilmente manejaban los maestros del género. Y lo que queda es un librito de playa, agradable e inocuo, que en medio de la oferta editorial de que disponemos se hace aún más insignificante. En este caso, mucho nos tememos, poco importaba que la piscina tuviese agua: el autor no sabe nadar.