miércoles, 11 de enero de 2012

"Un inconveniente", de Mary Cholmondeley. El arte de lo mínimo.

Intentaremos no ser demasiado parciales al adjudicar al maestro James, por contemporaneidad y amistad con la autora, el mérito notable de esta obra narrativa. Claro que tampoco podemos evitar aludir a la influencia jamesiana, que se hace patente no tanto en el estilo, más directo y descriptivo, cuanto en la atmósfera elusiva que rodea al relato convirtiéndolo en una intrigante pieza de lo que se ha dado en llamar narrativa psicológica (o volviendo a la más precisa terminología de Luis Magrinyà: "de la vida privada").

Cholmondeley nos propone una escenario cerrado con tres personajes y un contexto social opresivo de fondo, presente pero invisible: el de la inglaterra de finales del XIX, que no deja de fascinarnos tanto cuanto lo aborrecemos en ciertos aspectos. Sin embargo esta historia mil veces contada se ve enriquecida por un análisis social profundo realizado en la forma en que sólo puede hacerlo la literatura: a través de los personajes, de la mano maestra de la novelista para construirlos y relacionarlos. Así, nos encontramos ante dos modelos femeninos tan reales que van más allá de su carácter arquetípico: la mujer clásica, crecida en un mundo que se agota, aferrada a los valores tradicionales, cultivadora de su belleza y sus modales con un único própósito, el horizonte común de una vida como la suya, el matrimonio. Frente a ella, la "nueva mujer" liberada de ataduras, tan dueña de sus virtudes cuanto de sus vicios, a la que precede una mala fama convenientemente azuzada por ese ruido de fondo social que no dejamos de oír en todo momento. Y en medio, por supuesto, el caballero objeto de sus deseos, como figura ensombrecida por ambas, y a la que la escritora no se preocupa de dotar de matices. Nada podemos reprocharle, pues al fin y al cabo no abundaban en ellos los varones de la época: duerños de todo y de todos, inamovibles y protegidos por un cercado de convencionalismos, artistas como el maestro James se dieron cuenta de que verdadero campo de interés, el territorio diverso y mutable que merecía la pena explotar era el femenino, y seguramente continúa siéndolo ahora, puesto que las cosas han cambiado algo en los papeles legales y más bien poco en su manejo cotidiano.

Aunque a los ojos contemporáneos Mary Cholmondeley es una pionera del feminismo, nada hay en esta obra de doctrinario. Lo que nos cuenta es una pequeña trama sentimental a tres bandas en la que lo que podamos deducir acerca de la condición de la mujer en la época se encuentra más bien en el subtexto. Y es que lo relevante de esta obra se cifra en la capacidad de la autora para desarrollar la tensión narrativa, una pequeña vuelta de tuerca y un final cortante -todo ello recogido en los paréntesis de un par de escenas simbólicas al principio y al final del libro- con apenas un par de encuentros entre los personajes. Tal minimalismo literario es suficiente para que los personajes aparezcan ante nuestros ojos con una luz ambigua e inmisericorde, de forma que la mujer buena seguramente no lo es tanto, y la perversa tiene mal encaje en ese calificativo. No obstante lo cual, nada queda claro: ¿de veras era una consciente de que podía ayudar a la otra?, ¿quería esta última ser ayudada en realidad? Lo que recuerda a las preguntas que el lector se hace al enfrentarse por vez primera a Otra vuelta de tuerca -inevitable por tanto reiterar la filiación jamesiana-.

Títulos como este nos devuelven la certeza de que la gran literatura es posible, en tiempos en que el mercado ha parcelado la narrativa en lecturas comerciales de mero intríngulis argumental y supuestos experimentos consorciados con ciertas revistas "oficiales". En ambos casos el público se encuentra perfectamente identificado y estabulado. Hace falta mirar atrás para recordar en qué consiste este arte, y para reconocerlo en un puñado de buenos cultivadores contemporáneos. "Un inconveniente" es uno de esos faros-guía cuya visita ya de por sí asegura el disfrute.

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