domingo, 22 de enero de 2012

"La Polinesia Meridional", de la Casa Azul.

Sería fácil decir que "Guille lo ha vuelto hacer", esto es, un disco pop de canciones memorables, lleno de melodías perfectas por las que matarían muchos otros artistas que rara vez aciertan. También resultaría ocioso enumerar sus influencias, a las que permanece fiel en este disco. No hay una evolución destacable con respecto al anterior, ni falta que hace. Ya demostró en la extravagante "Yo también" que si se trata de salirse de la senda que él mismo ha construido, puede y sabe hacerlo. "La Polinesia Meridional" está sobrado de singles, si bien con menos baladas que otras veces y un ritmo algo más eufórico. Pero nada de esto lo convierte en lo que es, el mejor álbum de "La Casa Azul" hasta la fecha: se trata de las letras.

En discos anteriores se situaban un par de peldaños por debajo de la música en cuanto a calidad. Tenían algo de pueriles y tópicas, con sus recursos al desamor y su inocua defensa de la diferencia. Quién sabe lo que ocurre en la vida de un autor para que haya dado un salto de madurez extraordinario, de tal forma que  donde antes había autocompasión ahora encontramos un diagnóstico lacerante de la posición del artista en una sociedad salvaje como la nuestra; y donde los temas se han ampliado hasta transformar un proyecto de música de baile preñado de homenajes en una suerte de inesperada banda sonora rabiosa de la actualidad. Tomemos las dos primeras canciones como ejemplo: 


"Los chicos hoy saltarán a la pista" podría convertirse en el himno de este año 2012 de ruido y furia que nos espera:




Ya no les queda nada
Les quitaron todo atisbo de color
Les robaron las palabras
Les hundieron bajo el agua
Destrozaron su talento arrollador

Lo que no imaginaban
Es que alguno conservara el corazón
Los trocitos de asteroides pequeños escapan del Hubble mi amor

Los chicos hoy saltarán a la pista
Y arrasarán porque ya no tienen miedo a gritar
Como si fuera el último día
Como si el Golden Torch hoy fuera a resucitar
Ya no se van a agachar
Ya no les pueden parar
Hoy los tabiques se empiezan a tambalear
Se van a desplomar


No quieren más lamentos
Ya no creen en un final prometedor
Les da igual que pase el tiempo
Sólo quieren el momento
Se olvidaron del futuro aterrador

Ya no les interesan
Las apuestas a caballo ganador
Hoy prefieren no jugar a ganar
Arriesgando lo pasan mucho mejor

Los chicos hoy saltarán a la pista
Y arrasarán porque ya no tienen miedo a gritar
Como si fuera el último día
Como si el Golden Torch hoy fuera a resucitar
Ya no se van a agachar
Ya no les pueden parar
Hoy los tabiques se empiezan a tambalear
Se van a desplomar






"Qué se siente al ser tan joven" es seguramente la canción más conmovedora que haya escrito, empleando un contraste particular entre la música acelerada y el tono desasosegaste de la letra. Llegan los cuarenta, y quizá todo comience a perder sentido, ¿verdad? Guille nos habla del miedo a haber malgastado la vida, del reconocimiento de los errores, y del sueño de las nuevas oportunidades. Magistral.




¿Qué se siente al ser tan joven?
Dime qué se siente cuando no se ve el final
¿Qué se siente al ser tan libre?
Dime qué se siente cuando vuelas sobre el mar
Debe ser tan increíble
No consigo recordar

Lo olvidé entre proyectos de sublevación
Entre pobres achaques de sinceridad
Lo perdí programando mi gran evasión
Entre altivos delirios de seguridad

¿Qué se siente al ser tan joven?
Dime qué se siente en pleno caos emocional
¿Qué se siente al ser eterno?
Dime qué se siente cuando el tiempo está de más
Debe ser tan increíble
No lo puedo recordar

Lo olvidé entre proyectos de sublevación
Entre pobres achaques de sinceridad
Lo perdí programando mi gran evasión
Entre altivos delirios de seguridad

(Hoy pensé que podía volver a pasar, volver a pasar)
(Hoy soñé que tenía otra oportunidad)

Muero, sin gritar
(Y subía y subía sin mirar atrás, sin mirar atrás)
Sin dolor, esto es el final
(Y moría en el mar de la tranquilidad)

¿Qué se siente al ser tan joven?
¿Qué se siente al ser tan joven?

Lo olvidé entre proyectos de sublevación
Entre pobres achaques de sinceridad
Lo perdí programando mi gran evasión
Entre altivos delirios de seguridad

Hoy pensé que podía volver a pasar
Hoy soñé que tenía otra oportunidad
Y subía y subía sin mirar atrás
Y moría en el mar de la tranquilidad

¿Qué se siente al ser tan joven?
Dime qué se siente en el vacío celestial







Pero hay muchas más cosas: el surrealismo de "Todas tus amigas", la reivindicación personal de "La fiesta universal", el tono confesional de "Una mañana" o "La vida tranquila" (diario de batalla del artista consigo mismo)... Canciones que escuchadas a cierta distancia invitan al baile, al escapismo y la esperanza. Pero que como los buenos cuadros adquieren distintos matices mirados de cerca, donde los trazos del autor aparecen descarnados, trabajosos y emocionantes. Letra y música maravillosas para un disco excepcional. Manda narices que a veces dude sobre si su trabajo tiene sentido. Como buen lector de Spiderman, Guille debería asumir que "una gran poder exige una gran responsabilidad". El suyo -y la suya- consiste en la capacidad de hacer discos maravillosos que nos hacen más felices y -ahora- nos ayudan a afrontar quiénes somos y en qué mundo vivimos. Como para dejarlo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario