domingo, 5 de febrero de 2012

"Fortunas y adversidades de Sherlock holmes", de Carlos Pujol. Variaciones sobre el mito.

El ritmo diario de las noticias, opresivo, excluyente y mistificador, no deja lugar para que nos detengamos en lo verdaderamente importante. Como lo es el fallecimiento reciente de Carlos Pujol, narrador, poeta, ensayista, traductor y cultor de la literatura, en definitiva. Una de esas figuras que cuesta imaginar en los próximos decenios, habida cuenta de que el deterioro del sistema educativo hace improbable la existencia de verdaderos sabios entre quienes hoy día encuentran la frontera del intelecto en el puñado de caracteres admitidos por twitter. Pujol representaba a ese hombre bueno, sensible, culto y por ende bienhumorado que en las novelas suele ser el añorado profesor del personaje protagonista. Quiero pensar que somos muchos los que, fuera de la ficción, lo considerábamos así a pesar de no haberlo conocido. 
Uno de sus libros fue fundamental en mi formación, y vuelvo a él de vez en cuando para disfrutar con su prosa caballeresca, es decir, elegante, inteligente e irónica. Se trataba de una colección de prólogos y reseñas titulada "Victorianos y modernos" que fue una excelente introducción crítica a la obra jamesiana, en tiempos en que la bibliografía accesible sobre el maestro era escasa en nuestro idioma, y todavía no teníamos internet para rebuscar en librerías de viejo de los lugares más remotos. Aquel volumen me abrió las puertas de un territorio literario que aún sigo explorando, y pienso que cuando me haga un señor de cierta edad, espero que con tan buena facha como él presenta en esa foto, recordaré siempre quién me introdujo por el pasadizo secreto de lo victoriano y lo moderno; porque desde entonces, cómo decirlo, mi vida resultó bastante más agradable que antes. Uno se pregunta de cuántas personas podemos decir algo así a lo largo de nuestra vida, es decir, a cuántas tenemos de veras algo que agradecerles. 

Como narrador cultivó la artesanía carente de pretensiones, y aunque con resultados irregulares, fue autor de novelas encantadoras que tenían mucho de homenaje a ese mundo que habitaba como lector. Pequeñas intrigas sentimentales, paisajes históricos en los que se adivinaba la nostalgia por ciertos valores perdidos, si acaso un crimen inocuo, y siempre abundantes sonrisas solían ser los ingredientes de sus ficciones. Todo presentado con una escritura limpia, pero no exenta de sutilezas. Quizá le faltó una obra que apuntalase su nombre en la posteridad, o tal vez nunca aspiró a ella. Pero lo cierto es que se trata de un autor completo cuya ausencia hace más necesario el repaso crítico de su obra. A pesar de los malos tiempos que vivimos, en especial para creadores tan poco vulgares como Pujol, es de desear que alguna editorial recupere sus mejores títulos, que ganen presencia en las librerías y permitan a los lectores descubrir al que seguramente es nuestro escritor más secreto. 


Algo así me ha pasado al leer la noticia de su desaparición. Tras la sensación inicial de tristeza, y como quiera que hemos estado enganchados a la serie de televisión "Sherlock", que actualiza el mito con admirable respeto a lo que le es esencial, recordé que tenía pendiente de leer un libro de Pujol acerca del detective. "Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes" es una colección de relatos que tratan de indagar en el día a día del personaje despojándolo de toda solemnidad. En esta obra se hace evidente como en ninguna otra esa voluntad pujoliana de rendir homenaje y mostrar agradecimiento a lo que tanto admira. Tiene algo de juego, pudoroso pero incisivo, de modo que no hay aspecto de la personalidad de Holmes que no se atreva a poner en solfa. Lo hace equivocarse, lo convierte en fantasma, se burla de su vanidad, lo somete a un torpe cortejo en el que la señora Hudson ejerce de alcahueta, se recrea en oscuras alusiones a casos que los lectores no podemos -ni debemos- conocer, y juega con la propia literatura dotando de realidad a Holmes y Watson y convirtiendo a Conan Doyle en personaje de ficción. Especial emoción me ha producido el episodio en el que un caballero al que aluden por sus siglas, H. J., novelista elusivo, acude a solicitar su ayuda para impedir que ciertas cartas comprometedoras vean la luz. Genial. También aparece Lestrade, persistente en su incompetencia -quizá un símbolo del poder que nos desgobierna-, e Irene Adler, derrotada por el tiempo y, en consecuencia, humanizada. Y en el final de estos relatos o estampas aparece Holmes en un campo de batalla, pero ajeno al mismo por la necesidad de cumplir una misión, como una presencia eterna destinada a resolver lo insoluble. 

"Fortunas y adversidades..." es un ejercicio literario brillante y entretenidísimo, aconsejable en estos tiempos en que vuelve a estar de moda un personaje que nunca dejará de acompañarnos, y que quizá regresa con más fuerza cuando la sinrazón y la brutalidad parecen imponerse a la inteligencia. Pero también es una excusa para conocer o profundizar en la obra de Carlos Pujol, uno de los pocos artistas y estudiosos contemporáneos a los que podemos llamar "maestro". Hasta siempre, y gracias por todo.  

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