viernes, 30 de marzo de 2012

"Antología de crónica latinoamerica actual", de VV.AA. La verdad, aunque duela.


Decir que este libro constituye una radiografía certera del continente latinoamericano quizá sea excesivo, por cuanto no ese ese su propósito: mientras que algunos de los textos en él recogidos ahondan en la realidad político-social de un país, otros presentan carácter anecdótico, al ocuparse de cuestiones menores de carácter humorístico (‘El colombiano más bajito’, ‘En qué semejante rasca’ –feliz historia del romance de Mario Jurisch Durán con el ron-, ‘La larga pena del Sátiro Alado’), de perfiles o episodios biográficos de grandes artistas (Borges, Monsiváis, Dylan, Pavese, Guillermo Kuitca, los Rolling Stones) o mitologías populares (Gloria Trevi, Gardel, los grandes clásicos futbolísticos).


Sin embargo lo que queda en la memoria son los reportajes descarnados, vibrantes, que nos acercan a situaciones tan incómodas como complejas, desde los secuestros de las FARC a la estremecedora batalla de Lydia Cacho, desde la violencia paramilitar a la violencia estructural pinochetista –tratada por la sorprendete vía indirecta del análisis de su biblioteca-; pero también resultan memorables los artículos de más pequeña ambición pero igual calado, en que las vidas de personas comunes y corrientes se vuelven imagen esclarecedora de un tiempo y un lugar: así, conocemos la dureza de la supervivencia económica cuando no hay oportunidades ni salidas, o la épica de los arrabales del deporte –el boxeo y la lucha libre-, o los cuerpos lacerados por las operaciones de cambio de sexo.


El libro contiene la suficiente variedad de temas y estilos para complacer a cualquier lector-a; en él tienen cabida el lenguaje callejero y la erudición literaria, la narrativa novelesca de sustrato real –acudiendo a ese género híbrido que tan bien cultivó W. G. Sebald- y el artículo de opinión. Funciona a la perfección como muestrario de un género, el reporterismo, al que acechan no pocos peligros. Así que no está de más que este volumen haya levantado acta de lo hecho hasta ahora, con el fin de tomar aliento para seguir adelante –los propios autores recopilados o quienes hayan de tomar su relevo- o de rezar una última plegaria por una tradición literaria tan necesaria como hermosa.


Y es que las páginas finales vienen dedicadas a reflexionar sobre la crónica como género, su razón de ser, especificidad y dificultades. Se abordan aspectos éticos, estrictamente ténicos –la escritura del reportaje requiere de una especie de despojamiento del “yo” en favor de los otros, aun desde la perspectiva subjetiva del observador-, o de difusión e impacto en la era de las redes sociales. Sin embargo echamos de menos un aspecto más mundano, si se quiere, y por ello más inquietante: en qué medida pervivirá un género que precisa de un cierta solvencia económica por parte de los medios que lo acogen entre sus páginas. Y ello por cuanto el futuro incierto de la prensa escrita, y la cultura de la gratuidad en la red, parecen compadecerse mal con esta forma de artesanía periodístico-literaria que requiere de un tiempo demorado en su elaboración, de la capacidad de reescribir y fracasar, de buscar y no encontrar nada. Es, ni más ni menos, el horizonte incierto de la investigación, de cualquier investigación, en un futuro que parece abocado a la consigna, la frase corta, el retweet y la opinión gratuita, apenas meditada, y encerrada en un puñado tasado de caracteres.


Confiamos en que este libro interesante, entretenido y profundo nos recuerde que la prosa puede ser el más eficaz de los medios para conocer el mundo propio y el ajeno, para retar al poder, acercarnos a nuestros afines y comprender la diversidad que nos rodea. Leerlo nos ayuda a seguir confiando en los libros. Y no es poca cosa en estos tiempos, cuando parece que ya nada merece nuestra confianza.

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