lunes, 16 de abril de 2012

Género masculino. Género femenino. Escoja usted.

He aquí un varón heterosexual de género masculino. Un hombre de los de verdad, un tío en toda regla. Un señor de buenas costumbres, tradicional y en su sitio. Los medios de comunicación hablan de sus aficiones, y mencionan algunas con nombres y apellidos, al parecer  desgraciadamente inconfesables. Otras son más públicas, como las que refleja la fotografía adjunta. Este amante de la naturaleza paga un pastón para que, sentado en un jeep y con una copa de vino en la mano, lo pongan a una distancia de seguridad de un elefante, criatura fiera y sanguinaria donde las hubiere. Entonces se toma el último trago, apunta, y mata al animal. Luego se hace una fotografía con él.
Es cierto que vivimos tiempos duros en nuestro país. Estos días, por ejemplo, se ha agudizado la crisis de la deuda y nos ha surgido el problema de Repsol en Argentina. Parecería que más allá de una cuestión estética, y más allá de sus escasas funciones constitucionales, el monarca debería estar tomando aviones y descolgando teléfonos para exprimir sus contactos -me refiero a los políticos, no a los otros, vaya- con el fin de ayudar en la medida de lo posible en unas circunstancias que nos sobrepasan. En vez de ello se ha dedicado a practicar sus aficiones predilectas.
Pero no es eso lo que más me molesta, o lo que menos entiendo. Me asombra la enfermedad moral que hace que un varón heterosexual del género masculino tenga la necesidad de matar a un elefante. Ese clic del gatillo marca una distancia infinita que nos separa. No quiero ni puedo formar parte de su mundo. Por supuesto que no me representa. Por supuesto que siento hacia él el mayor de los desprecios.



He aquí otro varón heterosexual, pero de género femenino. Aclarémonos: Mario Vaquerizo ha explicado, ante mil preguntas tan cansinas como innecesarias, que no es homosexual. Sin embargo es evidente que, quizá desde siempre, se ha sentido cómodo formando parte del mundo que podríamos llamar -con no poca simpleza, pero valdrá para ilustrarlo- "de las mujeres". A veces habla de sí mismo en femenino, y sus intereses difieren sobremanera de los del otro congénere a que hemos hecho referencia en el párrafo precedente. Resulta extraño y provocador, convierte en absurdos y patéticos a los que lo llaman "maricón". ¿Es que a estas alturas alguien piensa que tendría algún problema en reconocerse como tal? Lo duro es aceptar que no lo sea. Lo duro es entender que todo ese cúmulo de estupideces, violencias y cerrazones asociadas a lo "masculino" constituyen el único modelo de hombre posible. Mario es creativo, divertido, surreal y auténtico en su artificio. Esa risa contagiosa, esas mitomanías y esa capacidad de seguir ilusionándose como un chiquillo por sus inocuas aficiones me lo hace cercano. Por supuesto que le tengo aprecio. Por supuesto que me representa. Vaquerizo, Rey de España.


Hay días en que uno se siente orgulloso de ser varón heterosexual, pero del género "femenino". De formar parte de un mundo en el que los libros, la música, el cine, el arte, el amor, la amistad, la moda, los animales -los adorables y maravillosos regalos que son los animales-, constituyen lo único que importa. Un mundo donde cualquier agresividad hacia los otros seres vivos está vedada. Hoy es uno de esos días.


Claro que a veces no queda otro remedio que enfadarse. Lo decían precisamente Alaska y Mario hace poco: cuidado porque podemos ser muy educadas, pero si nos sale la vena travesti... Pues eso, al ver la fotografía del borbón me ha salido una mala leche, no machorra, sino travesti. La que me lleva a escribir este post y maldecir con todas mis fuerzas al enfermo mental que es capaz de pagar miles de euros por apuntar a la cabeza de un ser vivo inofensivo y acabar con él, desde una inmoral posición de supremacía y seguridad. Hay muchos grises en la vida, claro que sí, pero también el blanco y el negro deben servirnos como puntos de referencia para acercarnos o alejarnos a ellos en la configuración de nuestra vida. Ambos están sobre la mesa. Se trata de escoger. Yo lo tengo claro.

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