sábado, 26 de mayo de 2012

"Out of the game", de Rufus Wainwright. Sigue siendo el rey -o mejor, el príncipe-.

Uno tiene la sensación, al vivir en el mismo tiempo en que un artista como Wainwright desarrolla su carrera, de tener el privilegio de estar presenciando la paulatina construcción de un clásico. Al igual que los que siguieron a Bowie en los setenta, esperaban con ansia sus discos y asistían a sus conciertos asombrados por su capacidad para no fallar nunca. Rufus pertenece a esa casta de músicos que siempre acierta, por mucho que podamos destacar unos álbumes por encima de otros. Pero es que, como un valioso añadido a su figura, está aportando unos ingredientes de sutileza, inteligencia, complejidad y sinceridad que elevan varios grados el nivel de la música popular en los comienzo de este siglo. En resumen, es emocionante pensar que cuando dentro de muchos años se hable de él como una referencia casi mitológica, podamos presumir de que "estuvimos allí". 


Su anterior trabajo, "All days are nights, songs for Lulu" fue un ejercicio estremecedor de terapia personal -y pública- tras el fallecimiento de su madre. Un disco áspero, difícil y desnudo en el que exponía cretinamente su luto. Así, de hecho, lo escenificaba en aquella gira, sin duda la más irrepetible y emotiva de su carrera, en la que interpretaba todos los temas, en el mismo orden del álbum, acompañado sólo por el piano y con la petición al público de no aplaudir hasta que hubiese terminado por completo. El escenario se oscurecía como su música, y mostraba proyecciones de un ojo fuertemente maquillado en negro -¿el símbolo de dios, la muerte misma?- mientras un Rufus austero desgranaba las canciones con sensibilidad y respeto. 


Pero después tenía que venir la fiesta, claro. Y ya en las entrevistas del "All days..." nos iba anunciando que el siguiente debía ser luminoso, pegadizo e inmediato. Es decir, popero. Y aquí está el resultado, que como cabía esperar ni es tan optimista ni tan sencillo y, menos aún, vulgar como uno de tantos movimientos comerciales que a veces perpetran los músicos necesitados de una resurrección. No era ése el caso de Rufus, que seguía vivo como nunca, con su cofre recopilatorio de la obra completa, con el estreno de la ópera "Prima Donna" y demás proyectos paralelos y colaboraciones de esas que nunca faltan en la carrera de un artista para el que la amistad, la familia, el "hacer nido" son tan importantes. 


"Out of the game" es cien por cien Rufus. Nadie se imaginaba que fuese a salirle un disco pop en el sentido estricto de la palabra, construido a partir de melodías sencillas y secuencias repetitivas. Las canciones vuelven a tener ecos clásicos, a romperse hacia la mitad para convertirse en otras, a enlazar acordes imposibles y superponer arreglos y voces en subidas del tono teatrales u operísticas. El pop se encuentra más, digamos, en la atmósfera y en la producción de Mark Ronson que en la composición propiamente dicha. Y esto sí que es un aspecto a destacar: al contrario que en "Release the Stars", donde la mano de su amigo Neil Tennant apenas se notaba, está claro que al productor en esta ocasión se le ha permitido "ronronear" determinados temas, lo que se hace evidente en pequeños detalles -el rasgueo de guitarra en 'Barbara', los vientos y coros de 'Rashida', los teclados new wave de 'Bitter Tears', el funk y de 'Perfect Man', que rechazó Tennant, por cierto, al tener demasiados acordes...- que contribuyen a añadir luz y color a unos temas excelentes. 


'Out of the game' probablemente se situará en el podio de la discografía de Rufus junto con los dos 'Want', las melodías son memorables como en aquel caso, y las letras continúan apelando a su biografía, al sentimiento autenticado y engrandecido por el arte, junto con algunos guiños humorísticos marca de la casa. 


Añade, además, algunos títulos a su colección de clásicos incuestionables. En especial 'Montauk', dedicado a su hija Viva. Este poema sonoro recorre con emotividad sus edades futuras, y anticipa la reacción de Viva ante ellas, para finalmente invocar el espíritu de la madre fallecida, presente en el océano. Una canción hermosa y conmovedora que recuerda a "The art teacher". La incluyo en una versión desnuda, teclado y voz:

One day you will come to Montauk
And you will see your dad wearing a kimono
And see your other dad pruning roses
Hope you won't turn around and go

One day you will come to Montauk
And see your dad playing the piano
And see your other dad wearing glasses
Hope that you will want to stay
For a while
Don't worry, I know you laughed it out

One day you will come to Montauk
And see your dad trying to be funny
And see your other dad seeing through me
Hope that you will protect your dad

One day you will come to Montauk
And see your dad trying to be evil
One day you will come to Montauk
And see your other dad feeling lonely
Hope that you will protect him

You have stayed
Don't worry, I know you have to go

One day, years ago in Montauk
Lived a woman, now a shadow
But she does wait for us in the ocean
And although you want to stay
For a while
Don't worry, we all have to go
One day you will come to Montauk











El set list de la gira se abre con 'Candles' dedicada a su madre, y que contiene alguno de los versos más intensos que haya escrito  (I tried to do all that I can. But the churches have run out of candles...). Pero a continuación, como si simplemente quisiese dejar claro que ella siempre seguirá presente, cierra la puerta al dolor y enlaza con la glamourosa 'Rashida'.







Acabo con el vídeo de "Out of the game", protagonizado por Helena Bonham Carter, divertida bibliotecaria aburrida de la vida que promueve una orgía entre tres usuarios a cual más friqui intepretados por el propio Rufus -si tenía que salir haciendo el amor con alguien en un vídeo, sería consigo mismo, estaba claro...-:







Un disco perfecto que contribuye a consolidar una carrera perfecta. Y un lujo el hecho de estar invitados a seguirla y difrutarla.

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