viernes, 13 de julio de 2012

"Cambiar de idea", de Zadie Smith.

En uno de los ensayos recogidos en este volumen nos habla la autora de la capacidad de E. M. Forster para transitar, como fascinado espectador, por distintos ámbitos de la cultura; de su habilidad para posar sobre todos ellos su mirada inteligente, humilde y bonachona: "Forster no era Valéry, pero defendía el derecho de Valéry a ser Valéry. Entendía la belleza de la complejidad y la aplaudía allí donde la veía. Veía que su propia preferencia por la sencillez no era más que eso, una preferencia, unida a un sueño de comunicación masiva. No le atribuía una fuerza concreta". Zadie Smith tiene mucho de su admirado Forster -a quien homenajeó de alguna forma en su última novela, "Sobre la belleza"- y eso algo que se pone especialmente de manifiesto en este libro, que recopila textos ensayísticos de diversa procedencia y muy variada temática. 
En ocasiones conocemos mejor a un autor cuanto más habla de terceros, que no de su persona. A través de su visión de los otros comprendemos lo que lo mueve, de dónde parte y a lo que aspira. La imagen de Smith que recibimos a través de "Cambiar de idea" es la de una escritora que, a la manera de Forster, se encuentra cómoda transitando por la calle de en medio, pero dejando clara su opinión sobre lo que se va encontrando a ambos lados, opinión que consigna mediante una prosa moldeable, nada envarada, y llena de perspicacia. Encontramos en el libro la alta cultura y la cultura popular, representada la primera sobre todo por la primera sección del volumen, en la que ejerce de crítica literaria, mientras que la segunda aparece al hablar de ciertas películas o de la gala de los Oscar. 


Las páginas de tema literario son del máximo interés, y no sólo por sus agudas y a veces novedosas apreciaciones de autores como George Eliot o Kafka, sino por un texto muy recomendable para todo aquel que se dedique a la escritura de ficción: "Esa sensación de oficio" es una entrañable conferencia, dirigida a estudiantes de escritura creativa, sobre el proceso de creación de una novela. Ciertamente que en los últimos decenios tenemos sobreabundancia de disquisiciones similares, pero en poco casos se ha abordado la cuestión con tanta sencillez y sinceridad, que va desde los aspectos estrictamente técnicos a las idas y venidas emocionales que acompañan a los novelistas desde la primera línea hasta esa relectura que la propia Smith aconseja tras un paréntesis temporal lo suficientemente largo para tomar distancia. 


Igualmente honesta aparece en uno de los mejores ensayos del libro, "Sus ojos miraban a Dios. ¿Qué significa soulful?", verdadera alabanza del poder de la letra impresa, artísticamente elaborada, para derribar nuestros prejuicios, y una interesante reflexión sobre eso que se ha dado en llamar la negritud, que opera como llamada ancestral pese al alejamiento cultural que se presupone en los nacidos en lugares y circunstancias que donde supuestamente se diluyen las diferencias; de ahí también la inclusión pertinente de un diario de viaje a Liberia, acercamiento físico -más que intelectual- a la cuestión.  En la misma línea de intimidad compartida trabajan los ensayos autobiográficos de la sección "Sentir", donde la autora emplea un registro emotivo que termina por completar esa imagen a la que hacía regencia, la de una escritora inteligente, sensible y, a su manera quizá menos humorística que Forster, bonachona. 


El libro concluye con un ensayo sobre David Foster Wallace que nos ayuda a "entender la belleza de la complejidad" y los propósitos del gran arte: "reconfortar a quien esta alterado y alterar a quien se siente cómodo", así como proporcionar "acceso imaginativo a otros yos", en definitiva una manera de "dirigirse hacia fuera y hacia lo insondable (...) nuestra última esperanza para vivir esa experiencia". "Cambiar de idea" es una buena herramienta de apoyo para movernos en esa dirección.


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