miércoles, 18 de julio de 2012

"Esnobs", de Julian Fellowes. El meñique extendido.

En una entrada anterior hablaba de una novela de Steve Martin relacionada con el mundo del arte. Y me viene ahora a la memoria por las similitudes que presenta con esta "Esnobs", de Julian Fellowes. Ambas están escritas por actores y guionistas, emplean una narrador-observador en primera persona para contarnos el ascenso social de una mujer ambiciosa y adoptan una cierta ligereza en el tono y una estructura simple que facilita la lectura, mediante capítulos cortos que van desarrollando la trama en escrupulosa cadencia temporal. 

Claro que si la obra de Martin se perdía en su propia levedad al abordar un tema de indudable interés, la de Fellowes presenta mayor altura literaria y consigue, al menos a ratos, remontar el vuelo, pese a que el asunto, en este caso, nos suene a demasiado conocido. El autor ha demostrado ya su solvencia en la creación de historias a través de guiones memorables como el de Gosford Park, por el que obtuvo un oscar, y el de la serie Dowton Abbey. Su mérito mayor en ambos proyectos consiste en recuperar para los espectadores contemporáneos un género cinematográfico, el de las películas inglesas de corte clásico relativas al mundo aristocrático y sus aledaños, es decir, sus sirvientes. Ese patrón basado en el Upstairs/Downstairs no deja de ser un excelente campo abierto para el análisis del ser humano, y si se cuenta con un escritor hábil, capaz de aprovecharlos en sus numerosas posibilidades, consigue interesarnos, divertirnos y conmovernos pese a la sensación de haberlo ya visto todo. El éxito que ha obtenido tanto en la gran pantalla como en televisión dan fe de su capacidad para moverse con soltura en ese contexto. En primer lugar se nos ha revelado como un excelente creador de personajes, a los que no se limita a dotar de mayores o menores virtudes y provocar, a través de ellas, su encaje en la trama; las damas y caballeros de Fellowes viven en el conflicto personal y social de una manera irresoluble, batallan consigo mismos en la búsqueda de la felicidad y el cumplimiento de las convenciones, y se relacionan con los de clases inferiores -llamémoslo así- de una forma mucho mas dificultosa de lo que sugieren las apariencias; estos últimos, a su vez, se debaten entre la nobleza de sus aspiraciones vitales y los caminos inhóspitos que en ocasiones se les abren para conseguirlas. Y todo ello aparece envuelto en una elegante prosa donde manda la mesura, pues tanto en lo dramático como en lo humorístico están bien sujetas las riendas de los excesos. 

Tale virtudes se encuentran igualmente en esta novela que, sin llegar a las cotas literarias no ya de una Austen, sino de Stella Gibbons, por ejemplo, se lee con agrado y deja un buen sabor de boca. Y del mismo modo que sucede en Dowton Abbey, se asoma de cuando en cuando al abismo del culebrón, pero afortunadamente da un paso atrás justo a tiempo para evitar que el lector se despeñe. "Esnobs" nos cuenta el ascenso y atisbo de caída de una muchacha ávida, Edith Lavery, que a cierta edad repara en que sus posibilidades de felicidad se cifran en un buen matrimonio. Tema clásico donde los haya en la narrativa inglesa, aunque no por ello trillado si se le sabe encontrar un punto de vista interesante. Así lo hizo Henry James en muchas ocasiones para hablarnos del dolor, la soledad, las conciencias torturadas y las manipulaciones psicológicas. Fellowes se mueve en otros ámbitos más livianos, y se limita a contar una historia con escritura afable y mirada inquisitiva. Su heroína aprende que aquellos propósitos de juventud se habían quedado cortos, y pone en riesgo cuanto ha conseguido. Aprende también que el entorno social al que se incorpora -la alta aristocracia británica- tiene algo de hábitat salvaje y embrutecido, a pesar de su eterna pose y de los rigurosos protocolos de modos y maneras en que deben repartirse los navajazos. Lo que proporciona a la novela mayor credibilidad y, si queremos,  honestidad es el tratamiento matizado de los personajes, frente a aquella "Un objeto de belleza", de Steve Martin, donde la protagonista se reducía a un cargante e inverosímil arquetipo. La Edith Lavery de Fellowes es una chica lista, pero también se equivoca y se pone en riesgo. No llegamos a apreciarla, pero tampoco nos incomoda demasiado. Alrededor de ella deambulan personajes poco admirables que no le sirven de contraste, sino que acaso reafirman la impresión de que en determinados restaurantes y salones de té se libran guerras más cruentas que en los grandes despachos.

La historia se enmarca en la alta sociedad londinense contemporánea, y sin embargo tiene mucho de atemporal, pues apenas localizamos referencias que nos sitúen. Quiere esto decir que nada ha cambiado para el ser humano desde hace más de un siglo cuando se trata de sentimientos, economías y argucias para casar ambos de una manera que haga la existencia aceptable. Al menos para ciertas personas que, como en las parodias del universo aristocrático, encuentran el mejor reflejo de sí mismas en el gesto de acercarse la tacita a los labios con el dedo meñique extendido. La complejidad que se esconde tras ello ha sido objeto de los mejores narradores de todos los tiempos. Fellowes seguramente no sea uno de ellos, pero al menos sirve para recordarnos con una sonrisa amable que siguen ahí, en las bibliotecas, esperando que los disfrutemos sin prejuicios. 

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