lunes, 23 de julio de 2012

¡Nite jewel y Linda Mirada al rescate!


Dicen que sólo la intervención del Banco Central Europeo puede salvar nuestra economía. Pero más allá de eso, lo cierto es que sólo el pop puede salvar nuestra existencia. Estas dos señoritas están haciendo lo posible por rescatarnos con sus últimos trabajos.


“One second of love” es un album de Nite Jewel cuyas cualidades superan cualquier empeño clasificador en formas o tendencias musicales. Lo suyo son los teclados y las bases, sí, pero la electrónica sirve de vehículo para la emoción, la sensibilidad y el romanticismo. Todo ello servido a través de una voz delicada que, como manifiesta en la entrevista que reproduzco, es un instrumento más, y quizá el mejor del disco. No hay temas de relleno, y cumplida la exigencia del hit –precisamente ‘One second of love’- nos permite disfrutar de medios tiempos y “momentos sonoros” a la manera de Saint Etienne o Jay Jay Johanson, pero con un tono más denso y seguramente melancólico. La plasticidad de su voz hace que Ramona González –verdadero nombre de la artista, me temo, ay, que preferimos el otro- nos ofrezca una variedad de registros que elevan las canciones por encima de sus melodías. La gravedad de la memorable “This Story”, la conmovedora “Clive”, los tintes folk de “Unearthly Delights”, el pop encantador de “Memory Man” o “Mind & Eyes”… Nada sobra en un disco que busca un lugar privilegiado en nuestra colección de imprescindibles, que siempre sabe proporcionarnos la respuesta adecuada para cada estado de ánimo. Es de esperar que siga creciendo como artista, sobre todo porque se trata de su segundo álbum y supone ya un avance notable con respecto al primero.



Este es un mini-concierto que dio en la radio KcRw, en el Programa "Morning becomes eclectic" -una maravilla-. Suena muy bien, y se puede apreciar ese trabajo con la voz al que hacía referencia.







Si Nite Jewel es la noche, ya sea de invierno –tras los cristales, con taza de café en la mano- o de verano –al aire libre, rodeados de siluetas-, Linda Mirada es la luz del sol, la playa, los viajes de vacaciones, el cambiarse de ropa para salir tras quitarnos la arena y la sal del cuerpo, los recuerdos de juventud ligados a bares con música irresistiblemente pegadiza. “Con mi tiempo y el progreso” –anda que no tiene guasa el título, como la mayoría de las letras, de un rebuscado humor secreto- busca sus raíces en el italo disco y el pop masticable de los ochenta, pero al igual que en el otro caso hay una personalidad detrás que hace especial el resultado. La composición ha avanzado también con respecto al “China es otra cultura” de hace un par de años, la producción es más matizada y las canciones se van digiriendo con el disfrute de aquellas golosinas o helados de la época –yo qué sé, el Drácula, o el Cola Jet-; como dice Silvio José, el personaje de Paco Alcázar, no es que sean adictivas, es que nunca tienes suficiente.


Al contrario que en el disco anterior, no hay un gran single, pero todos los temas mantienen el mismo brillo y jovialidad. Quizá ese algo que añade encanto al disco sea el contraste entre voz y música. La primera resulta divertidísima y peculiar en su completa falta de empatía con lo que está cantando, como si lo hiciese desganadamente, y por supuesto ajena a tonos y variaciones emocionales -es curioso, si comparamos ambas artistas, cómo se pueden conseguir resultados tan notables por dos vías tan diferentes-; las melodías y los arreglos –sintizadores, sobre todo, y algún saxo ochentero- son sin embargo de lo más inmediato, destinados a metérsete en la cabeza con la fuerza de los clásicos de aquella década a la que invocan. Escuchar este disco supone también maravillarse ante la completa impermeabilidad del mundo mainstream. Las canciones de “Con mi tiempo…” serían una base genial para campañas publicitarias, o excelentes temas-karaoke de esos que se gritan con tres copas. Es decir, que debería vender como lo hicieron Mecano en otros tiempos. Pero no. Hemos construido una sociedad tan inteligente que los que aprecian la música no pagan por ella y los que no la aprecian se la regalan unos a otros por navidades con papel y lacito del Corte Inglés.  


Aquí está el hit de su primer disco, ése que tendrá que tocar siempre en directo, aunque se harte de ella:







Para un mejor encuadre en la iconografía de los ochenta, "El día de San Valentín" debería haberla enterrado ya convertida en un One Hit Wonder. Pero no. "Secundario" le da nueva vida... Salvo que se retire y vuelva dentro de veinte años, que también encajaría.







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