martes, 2 de abril de 2013

Apuntes de 2013: lo que es "natural" y "no natural" para los perros.

Uno ya ha aprendido a olfatearlos recurriendo quizá a esa parte animal que nos es propia y frecuentemente olvidamos. Apenas se forma la reunión, la quedada o el encuentro espontáneo, los reconozco: ejemplares de macho alfa que se plantean la vida social como una oportunidad reiterada de subirse a no se sabe qué tarima y pontificar desde ella; una manera de demostrar lo hombres que son, y una asunción entusiasta del deber que alguna deidad les ha impuesto sin que los demás nos hayamos enterado: el de dirigir a las masas, sobre todo si son mujeres u hombres educados y pacientes. Quien más quien menos se los ha tropezado alguna vez y ha tenido que sufrir su tabarra. Puede que les dé por la cosa humorística, y como quiera que te rías ante la primera gracieta, en un gesto de cordialidad, estás perdido. A otros les da por el relato de hazañas laborales o empresariales, aderezadas por listados de posesiones y operaciones inmobiliarias (cada vez menos frecuentes, vaya por dios). Un tercer grupo no se complica tanto la vida y se limita a ejercitar su capacidad asombrosa para saber de todo, hablar de todo, dictaminar sobre todo y, ya de paso, bromear sobre todo con el inevitable tono de suficiencia de quien se reconoce como "el elegido" (?). Así que uno ya los olfatea: apenas comienzan las presentaciones entre las personas con las que vas a pasar la jornada de domingo, o la cena de sábado, detectas a uno de ellos y piensas: "ay madre". Rara vez te equivocas.


Cuando el macho alfa es propietario de perros, la lección magistral suele tener que ver con su adiestramiento. Es entonces cuando surge la cuestión sobre lo que es natural y no natural en nuestro trato con ellos, es decir, aquello que supuestamente respeta lo que los animales harían en estado salvaje, y aquello que lo contraviene y, en consecuencia, los perjudica. Las cosa está muy clara: es natural la obediencia, la respuesta sumisa al liderazgo, el entrenamiento para la defensa, las pruebas de agilidad y fuerza... No son naturales, por el contrario, los mimos, la ropita, los baños con tratamientos adecuados... Resumiendo, el cuidado.


Los cretinos de los que hablo, ciegos en su omnisciencia, no alcanzan a comprender el profundo prejuicio de género que guía sus opiniones: lo tradicionalmente masculino es "natural", lo que asociamos a lo femenino es "no natural", artificioso, prescindible. La coartada moral de este pensamiento se apoya en un supuesto estado originario de los perros en libertad, en manada... Y uno se pregunta dónde están esos animales asilvestrados,  si en los Picos de Europa o la Selva Negra alemana. Vivimos en un mundo urbano, lleno de edificios, calles y carreteras donde los perros no tienen posibilidad alguna de sobrevivir, así que discutir el asunto en términos comparativos con una realidad que no existe es, cuando menos, mistificador. El ser humano ha creado el modo de vida en que todos, racionales y no racionales, compartimos espacio. Para bien o para mal, las cosas son así. Dejemos a una manada de perros suelta e iremos recogiendo sus cadáveres en los arcenes. Ellos han estado siempre con nosotros, pero cuando inventamos la rueda comenzamos a ponerles las cosas más difíciles, y lo cierto es que siempre nos hemos ido adaptando. Así que el hecho de que cuidemos a nuestros perritos, les prodiguemos atenciones, nos preocupemos de que estén entretenidos con mordedores y otros juegos adecuados para sus capacidades, vigilemos su salud, les regalemos galletas, los acostemos a nuestro lado, les apliquemos tratamiento para el pelo o las almohadillas, etc., no es ni más ni menos que proporcionarles una vida feliz en este mundo al que los hemos traído, con estas reglas de juego que ni ellos ni nosotros vamos a poder cambiar. Cuestión diferente es el trato patológico que algunas personas les dispensan, esa "humanización" desaforada que puede acabar causándoles numerosos perjuicios orgánicos por vía de la alimentación, entre otras cosas. Pero nadie que quiera de verdad a su perro, y que tenga dos dedos de frente, confundirá el afecto y el cuidado con la expiación de frustraciones. 


Animo, pues, a que nadie se corte lo más mínimo con sus amigos caninos. De hecho, nada tan inteligente, cuando uno se encuentra con los machos alfa, que recurrir a la provocación y la irreverencia. Si uno de ellos se me acerca en plan "mira, este tío es abogao, parece un tipo serio y tiene una mascota, le voy a enseñar tres o cuatro cosas", a la pregunta "qué, así que tienes perro" lo más aconsejable es responder: "Eh, un momento. Mi Betty no es un perro. Es una princesita". A partir de ahí, podemos seguir hablando. 

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