domingo, 7 de abril de 2013

“Jinetes en la tormenta”, de Diego A. Manrique. Un gentleman en los camerinos.

Hay nombres en el periodismo ante los que uno, por elemental educación, debería ponerse en pie. Afortunadamente tenemos varios en España, y Diego A. Manrique es de los más notables. A la chita callando ha sido maestro de música popular de infinidad de lectores gracias a sus programas de radio y artículos en prensa, por lo que pasado el tiempo es de justicia sentirse agradecido con tipos como él. “Jinetes en la tormenta” (ay, había que haberse currado un poco más el título…) recopila un buen puñado de sus escritos musicales para El País. Su prosa es buen reflejo de un una personalidad amable, que no indiferente. Lejos de la malignidad de un Boyero, Manrique lanza educados dardos y manifiesta sus peros sin perder nunca las formas, y eso reafirma en su credibilidad –algo que parece no haber entendido el santón cinematográfico, al que se le están poniendo cara de candidato seguro a cualquier reality-show de los de broncas y odios eternos-.  
 
 
El libro aparece dividido en bloques temáticos que dan fe de los variados intereses del autor. Con perfil más rockero que popero, sus páginas recorren los grandes clásicos fundacionales, las bandas míticas, el territorio menos frecuentado del blues y el soul y los grandes fenómenos de nuestro tiempo. En ellas se aprecia una cierta nostalgia de los tiempos en que la autenticidad no era un marchamo publicitario, y una fascinación aún adolescente por la mitología de los rebeldes y malditos. Con el tono elegante marcha de la casa nos cuenta los años de locura de los setenta, la intrahistoria de los discos imperecederos o el ascenso, caída y sucesivas resurrecciones de los más veteranos. En sus análisis hay siempre agudeza, un saber ver más allá de las cifras de venta y las leyendas de origen a menudo incierto. Y este tomo, que indudablemente podría haber sido mucho más extenso, se devora más que se lee.
 
Mención aparte merecen las pequeñas venganzas periodísticas en las que se da cuenta del antes y el después de las entrevistas cuyo cuerpo apareció pulcramente editado en los papeles. Esos momentos previos y posteriores nos dicen mucho más de los personajes que sus estereotipadas declaraciones. Y agradecemos al periodista que conculque el secreto profesional, si existe tal cosa en esos casos, para desvelarnos lo que se esconde tras el biombo con que los jefes de prensa y agentes nos ofrecen a los artistas. Así descubrimos a un Lou Reed no simplemente borde, sino mucho más inseguro y quizá acomplejado de lo que imaginábamos, o a unos U2 apasionados que nos hacen refrenar las críticas que con tanta dedicación se han ido mereciendo.
 
Pequeña enciclopedia del rock con un índice onomástico de imprescindible uso, “Jinetes en la tormenta” nos permitirá cotillear en los desvanes de nuestros mitos y apreciar a otros que tal vez no había recabado nuestra atención. Muy recomendable (pese a la, ejem, clamorosa ausencia de Morrissey…).

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