sábado, 15 de junio de 2013

"Henry y Cato", de Iris Murdoch. La humanidad entera dentro de un libro.

Hablemos primero del sello editorial que tiene a bien ofrecernos joyas como ésta. Impedimenta posee algo del poder de fascinación de esas pastelerías repletas de formas y colores que atraen nuestra atención, nos invitan a acercarnos, contemplar con gula sus creaciones y finalmente -ay- entrar. Sin necesidad de ampararse en alguna clase de manifiesto, lo cierto es que se han empeñado en alegrarnos la vida y educar nuestro sentido estético especializándose en lo que podríamos etiquetar como "novela encantadora". Nos referimos a esa clase de libros que leemos con el máximo interés por sus hechuras de clásicos, que no renuncian a la forma elaborada pero tampoco a la narratividad, que se abren una y otra vez con pasión hasta que los terminamos y cerramos con una sonrisa en la boca, que hablan de nuestro lugar en el mundo -no siempre bien situado- y nuestros sentimientos más universales, que nos ofrecen personajes inolvidables y escenas arrebatadoras, estremecimiento y diversión. Es cierto que en su mayoría son anglosajones y del siglo pasado, pero más allá de épocas o países lo que los une es una misma concepción, tan profunda como hedonista, de la literatura. 

Así las cosas no podía faltar en su catálogo la maravillosa Iris Murdoch. Entrañable para el que escribe, porque las reseñas de este blog comenzaron por ella, y el hecho de que "Henry y Cato" aparezca ahora en el mercado editorial español supone para mí reencontrarme con una amiga y mentora literaria, que desde allí donde descansa me enseñó unas cuantas cosas sobre la lectura y la escritura. Esta es, como la mayoría de sus novelas, un prodigioso compendio de técnicas, estilos y contenidos. Engancha al lector desde sus primeras páginas, con una puesta en escena de los personajes que sugiere misterios y peripecias de corte tradicional, pero en seguida nos pone a prueba con un desarrollo demorado, digresivo, y una prosa de una riqueza y soltura poco habituales, que se permite larguísimas descripciones a la manera antigua, exploraciones intimistas, diálogos extensos de un sorprendente sabor real  -que no precisa sostenerse en modismos-, análisis que la acercan al ensayo filosófico... Llegamos a las ciento cincuenta páginas y aún nos está presentando a los actores de este drama existencial, de forma que cuando empezamos a preguntarnos si la autora no se habrá perdido en su propia indagación, determinados episodios "tiran" de la trama y comienzan a encajar las cosas. Murdoch no es una escritora frívola, y sabe que la vida, cualquier vida, no admite ser encasillada en un puñado de líneas. "Henry y Cato" nos hace recordar esa peculiar forma de conocimiento que -no siempre- constituye la literatura: no se trata de una "historia", sino de una tesis narrativa sobre una serie de personajes que, sin embargo, nunca ponen su humanidad al servicio de una idea de esa deidad que los construye desde una limitada omnisciencia. Novela profusa, incasable, que pega un puñetazo en la mesa de nuestro tibio mundo de mensajes cortos y reclama la dignidad maltrecha de un viejo arte. 

En este caso se trata de la fe y la familia, nada menos -¿como tratar tales temas si no con el respeto que simboliza la extensión del libro?-, la construcción de la identidad en un entorno sutilmente opresivo, el amor y el dinero. Muchas de las grandes obras de la historia literaria se ocupan de uno solo de esos temas, pero Iris Murdoch los coge todos y los mezcla con el justo azar y el justo cálculo. No cabe duda de que muchas de sus páginas obedecen a esa escritura instintiva que con frecuencia acompaña al temperamento artístico, pero al mismo tiempo hay un guión subterráneo que no abandona a su suerte a los personajes. Porque ambos tienen algo importante que aprender: la pasión amorosa -enfrentada a la fe- y sus peligros, en un caso; la apertura al mundo superando los rencores mal cicatrizados de la juventud, en el otro.  Una serie de sucesos van empujando a Henry y Cato en direcciones confluentes, y sólo cuando su trayectoria se une consiguen salir del laberinto de sí mismos, reconocerse y reconocer a los otros. La trama tiene un final íntimo, puramente psicológico, pero también una resolución fáctica que nada debe envidiar a los grandes creadores de intrigas. 

Tan entretenido como intelectualmente ambicioso, este título puede situarse a la altura de sus mayores logros, y permite que nuevos lectores/as se incorporen al inimitable universo de la autora, retador sin dejar nunca de ser entretenido. Hablamos de literatura, simplemente. Lo que ocurre es que de verla tan poco llegamos a olvidar lo que era. "Henry y Cato", por ejemplo.

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